lunes, 21 de abril de 2014

De repente Abril

            Soy padre. Era de esperar que escribiera algo. Cualquier padre sabe que es inevitable hablar sobre la nueva condición; es el TEMA del que tratas con todos, incluso con personas con las que no hablaste nunca y que ahora sientes cercanas. Si escribes, ten por seguro que escribirás sobre ello, que puede que a partir de entonces todo lo escribas diferente porque ya eres diferente. Lo increíble de la paternidad es que disertas sobre ello con convicción, casi como si fueras el primero que se convirtió en padre de la historia, porque cada pequeña curiosidad o gran acontecimiento del embarazo, se te presenta tan milagroso y espectacular que solo te cabe describirlo con pasión, tal que si fuera único. Y es que te acaba pareciendo increíble que a alguien le hubiera ocurrido antes, que siga ocurriendo mientras escribo estas líneas. Lo íntimo y lo público que tantos reconocen.


Desde  que Susana, mi mujer, llegó a mi vida, cualquier día me basta,  todo me sirve, y hasta me cabrea sorprenderme en una queja por algo. Me llena y sobra ser junto a ella. Sin embargo, aún llegó a agarrarme  más profundo con la noticia que aun siendo esperada -la que tantos hombres esperan de sus amadas-, golpea igual de fuerte. Me resistía a creer que de forma tan rápida – más tarde piensas que la medida del tiempo no es relevante, que  siempre hubiera parecido inesperado-, fuéramos a tener un hijo.

Tras la noticia, la lógica respuesta: alegría y sobre todo mucha ilusión; pero más que nada, miedo. Antes de ser padre en ciernes, seguiste desde la distancia el embarazo y nacimiento de muchos niños de la familia o amigos pero, fuera del papel protagonista, nunca te paraste a pensar seriamente sobre el tema, dando por sentado que todo va rodado y siempre sale bien; ¿por qué raro motivo algo podría fallar?

Bien, es entonces cuando eres consciente de por qué la información y particularmente internet, son algo tan nocivo a veces. Comienzas a leer y ver toda clase de vídeos, constatando alarmado, que esos motivos pueden ser miles. Cuando conoces las interminables y rápidas etapas de desarrollo del feto,  te parece increíble que todo se desarrolle según el guion para que cada pieza finalmente encaje en su lugar.

Llega la ecografía de las veinte semanas, la más importante, y en un rincón a oscuras, durante unos minutos interminables, escuchas alerta los susurros de los médicos mientras sospechas de las luces de colores en la pantalla –una luz roja no puede ser señal de nada bueno-. Pero no ocurre nada, todo es normal, conforme a natura, y hasta los paralizantes sangrados fuera de tiempo tienen su explicación relativamente tranquilizadora. Es una niña y en el camino de vuelta a Ciudad Rodrigo, elegimos definitivamente su nombre: Abril. Hasta ahora, para el padre primerizo, todo ha sido un no acabar de creerse lo que está ocurriendo. A partir de entonces, todo irá convirtiéndose en algo más real, sintiendo por primera vez el peso de una agradable responsabilidad. Puede que sea el hecho de individualizar, de dibujarle un contorno con el sonido de su nombre, lo que da pie a, veloz y estúpidamente, imaginarla en futuros absurdos, de comenzar a trazar y emborronar, montar e instalar hipotéticas situaciones conflictivas o felices.

Porque el miedo sigue ahí, alojado en lo más profundo de ti. Al menos aceptas que no ha de ser bueno ni malo, ya que intuyes con seguridad que esa cautela no te abandonará jamás porque nace del amor más puro e incondicional. El miedo a que nuestro hija no llegue a nacer, el miedo a que no que nazca sana, el miedo a que no sea feliz en un mundo libre donde pueda elegir su propio camino.

Sin embargo, es un temor acogedor que te mantiene vivo. Es y creo que será una comezón similar a la que me acompaña desde hace un par de años, desde que Susana entró en mi vida y me reconocí, desde el momento en que sé que no necesito más de lo que tengo para ser feliz, pero a cuya convicción acompañan traicioneras punzadas de inquietud, las de nuestra inevitable inconsistencia, la de que en un giro vital, inesperado y súbito, todo se quiebre y escape.


También  a nuestro temor y prudencia le acompaña el desamparo y fragilidad de Abril que, poco a poco, día a día, se irá convirtiendo en fortaleza si sabemos hacerlo bien. Aunque bien sé que solo del error y el dolor se aprende, se aloja en mí el puede que fútil empeño de guiarla para que durante ese tortuoso y obligado camino, marche ligera y a buen fin,  hasta el día en que todo lo bueno llega por añadido.

Durante el embarazo te empeñas en disfrutar de todo el proceso, en  tratar de retener la magia de cada instante, un trozo de vida irrepetible con tu pareja, en no querer acostumbrarse a la precaria felicidad que es esperar nuestro hija formándose en su vientre, en dar forma a algo muy especial que construimos entre los dos, aprehender el fruto de nuestro amor en gramos.

Tantos meses mis manos sobre ella, que la tripa de Susana acaba convirtiéndose en interlocutor habitual, algo que me aleja de todo el ruido que me rodea, que todo lo aplaza, que resta importancia a todo lo demás, algo que atrapaba lascivo de continuo antaño y que ahora tornó en algo distinto, de lo que cuesta separarse y que ahora trato con cariño desmedido. Un tripón gigante y brillante que miro con ternura, que me ordena la certeza de que jamás podrá existir algo más hermoso sobre Tierra. La naturaleza mostrándonos en un fogonazo todo su secreto. TODO lo que buscamos y tratamos de entender cada día está ahí. La belleza del vientre preñado de vida golpeando por salir. A qué discutir, no hallarás truco igual. Mis manos sobre su suave y tensa piel como el privilegio que sé no merecer. Lo natural como milagroso. La vida desplegando la magia de lo ordenado. Es acaso el secreto de nuestra existencia y destino que lo común sea especial, que lo milagroso se convierta en previsible.

Y comienzas a ver niños y mujeres embarazadas alrededor por doquier. Seguro que antes estaban allí, pero eran invisibles. Parece todo tan especial que te asombras de que casi todos hayan pasado por aquí y no te hayan dicho nada… hasta que caes en la cuenta de que seguro te lo contaron y no prestaste la atención que se merecía. Y ahora es a ti a quien toca poner cara de alelao; va en el cargo.

 Piensas en Abril, en cómo se siente ahí dentro, y la imaginas con el dedo en la boca, como en las ecografías, escuchando entre  curiosa y extrañada, música y voces distorsionadas, ruidos sordos y lejanos, envuelta por una oscuridad húmeda y cómoda, atrapada en una blanda cápsula de tecnología punta durante la primera etapa de su viaje en el tiempo. Qué alucinante notar que Abril te escucha, te siente, te responde con patadas. Tratamos de tenerla aquí junto a nosotros antes de tiempo, tal que si la tensa piel opaca fuera transparente, tal que si no existiera.

Cuando vas a ser padre, comienzas a conocer un nuevo mundo al que eras completamente ajeno, recibes tus primeros lecciones y hasta te atreves con la jerga: monitores, placentas previas, amniocentesis o “dudús”. Sin embargo, hay que ser honesto, somos una banda de intrusos.  Hablo desde el punto de vista del padre y por mucho sentimiento que le ponga a mis líneas, nuestro papel es a todas luces secundario porque  qué será ser madre, alojar en tu interior, acompañar, sentir el principio de vida. Por más que lo pretenda, ahí no cabe acercarse, mi prosa no puede alcanzar lo que no llega vislumbrar.

La medida de lo especial que es todo el proceso puede proporcionarla la ralentización del tiempo; contar semanas y días como jamás lo hiciste, anhelando un jueves en que se cumple la semana 37 y a partir de ahí…, bueno, a partir de ahí, ya da lo mismo. Parece que el tiempo nunca marchó tan lento, hasta que el terrible día del parto caes en la cuenta de tu error. Es entonces cuando ves transcurrir los minutos arrastrándose lentos y encadenados en una condena que, a ratos, se antoja sin fin.

Es el día. El más importante de tu vida, el  marcado en el calendario con el rojo de lo trascendental, en el que sabrás qué es realmente una contracción, esas que has visto mil veces en películas pero que ni te has acercado a entender hasta que tu mujer te abraza con violencia, más fuerte que nunca, en una sórdida habitación de dilatación.


El parto. A menudo pienso sobre ese día tan largo, en cómo me hubo de cambiar presenciar aquella extenuante pelea por la vida contra el dolor. Hoy sinceramente creo que no puede haber experiencia que acerque más a dos seres humanos que la intimidad de haber compartido ese episodio tan traumático, que haber sido admirado testigo de la firme entereza de mi mujer. Es inevitable, yo la veo de forma distinta desde ese día, algo que no podré olvidar y que me dejó literalmente exhausto, más que cualquier ultra sin noches sin dormir. Así que podéis imaginar el cuadro de familia.

Un especial recuerdo al personal que nos asistió durante ese día y los meses anteriores. Además de injusta, no me parece sana esa deriva de gran parte de la sociedad en su crítica indiscriminada a nuestra Sanidad, que hoy por hoy, me parece un privilegio. Personalizar ese “gracias” en la persona de Inés, una persona hecha a convivir con el dolor extremo en su trabajo, que impartió toda una lección de lo que es una profesional, lo que únicamente valoras en su justa medida pasada la tormenta. Desde el aplomo tranquilizador, manejó los tiempos como solo lo puede hacer un maestro. Uno de aquellos maestros serios pero implicados, sabiendo adaptarse a cada paciente, animando cuando toca pero sin evitar dejar clara la realidad. Puede que ahora, mientras escribo, Inés esté realizando de nuevo una gran labor otra persona asustada; y eso me hace sentir bien, me proporciona seguridad.

Y en fin, Abril acabó naciendo, de una forma que a mí me pareció algo precipitada, en un cuarto de hora final un poco loco.  Abril  ya estaba aquí, levantando su cabeza, despierta y desorientada, sobre el pecho de su madre aunque para el Código Civil –deformación de jurista-,  le faltaran veinticuatro horas separada del claustro materno para “nacer”.

Y si ya parecías algo bobo cuando Abril estaba en la tripa, imagina ahora cuando puedo estar horas –que lamentablemente hoy no tengo-, mirándola dormida durante una tarde sin que ocurra nada, porque ya no necesitas nada. Abril ya sabe qué es el hambre, el frío, el ruido, el miedo. Ahora le toca a ella acertar y yo intentaré enseñarle de todo aquello en lo que me equivoqué; sobre todo le trataré de enseñar que cuando se necesita, se ha de pedir ayuda; puede que lo  más importante que he aprendido en mis más de cuarenta años de vida, tal vez lo único importante. Ahí estaremos nosotros, como tantos otros, a su alrededor.

Pasaron las horas y hasta para el Código Civil, Abril nació. Comienza mi mayor aventura, con tantas montañas, kilometros y noches en vela como nunca conocí, llena de sueños y alegría, miedos y desengaños. La vida como surco que decía Benedetti. Puede que solo entiendas de verdad estos que vivimos cuando acabas por comprender a tus padres y el círculo se cierra. Efectivamente, solo ahora entiendo sus desvelos al sentir  tirar de mí ese nuevo hilo que antes no tenía. Pesa, sí, pero también es un precioso globo que te separa del suelo y que casi te hace volar.

Dedicado a Susana. Cuando hace tiempo, a veces me costaba encontrar razones para vivir, ella me las regaló todas de un golpe. Entonces fue cuando yo mismo estuve preparado para engendrar vida.



Comienza la aventura de una hija y de un padre asustado. Seguro que CONTINUARÁ


P.S. Como en otros momentos importantes de mi vida, de nuevo Bruce con dos canciones sobre la paternidad.   

sábado, 5 de abril de 2014

Hermana Violencia



Puede que no existiera tal cascada, que solo me lo pareciera a mí porque andaba yo más receptivo de lo habitual, intentando enfrentarme a un artículo sobre la violencia; pero algo hubo en tantas noticias recientes para que al fin me decidiera a darle forma y así también poder comentar algo sobre un libro que leí hace un par de meses: "Palabras para la paz", una recopilación de textos de Gandhi.

Todo el mosaico del que hablo y que me da pie, está formado formado por teselas de imágenes como las de luchas en las calles de Madrid, donde la  inevitable reacción emocional manda,  pero cuya interpretación obedece no a la realidad sino a la representación de la misma que se decide varios planos por encima de las cabezas de los peones; por imágenes de gradas futboleras un domingo cualquiera, a través en actitudes que creí ya proscritas y que sin embargo, parecen seguir siendo habituales, donde se tolera que un imbécil arrroje un plátano a un jugador de otra raza o donde más de uno -es lo triste- insulten con saña a jugadores hasta desde butacas de gente bien, lo que me obliga a preguntarme por los niños que participan y maman de ese ambiente, puede que los mismos que aprenden de sus padres a insultar a sus entrenadores y árbitros en partidos de críos de sábado por la mañana; por imágenes de violencia empastadas en voces de micrófonos que paradójicamente, clamando contra la violencia en las calles, ejercen de violentos en cada palabra, azuzan, crispan insultando, incitan al odio en cada inflexión de voz; para rematar, ayer, el amigo Rouco al que no le cuadra el segundo plano y marchar en silencio, solo se le ocurre mentar la Guerra Civil, no se sabe a cuento de qué. 

Algo bueno obtuve de presenciar mucho de ese sinsentido  y fue la reflexión final sobre cualquier tipo de violencia de un concejal del Partido Popular de Rentería en "Salvados"; un tipo valiente como pocos han de existir, un hombre que durante muchos años decidió transformar su vida en algo completamente distinto de lo que pudo haber sido, en algo más sórdido y complejo, algo que hoy son recuerdos de miedos y quebrantos por compañeros muertos, arrastrando a una familia en su aventura, a la que no le quedó otra que ser comprensiva con su decisión, -trascendental para él, estúpida para la mayoría-: la de ser consecuente con su compromiso con la democracia. Ahora dice que quiere mirar adelante y construir un mundo nuevo, y lo expresa con claridad y facilidad, molestando, transmitiendo todo aquello que embrollan y simulan los políticos profesionales. Nadie habrá más legitimado que él para hablar del tema y cuestionar actitudes. Bien, pues cuestionando a este hombre de cojones tan grandes, habrá algún otro con galones, a cientos de kilometros de Euskadi, que los tenga aún más gordos para criticar desde su despacho a este soldado de trinchera. 

Todo esto a cuenta de una recensión sobre un pequeño libro: "Palabras para la paz", una pequeña recopilación de textos de Gandhi. Se ha de ser un tipo extraordinario para, en un mundo esencialmente violento e injusto, dar un paso al frente para denunciar y al mismo tiempo, soportar. Gandhi consideraba que la no violencia es la verdadera posición de fuerza, que su "no" es contundente como un bate, que el violento pierde la razón desde el momento en que golpea para devolver el golpe. Él sabe que para valerse de su lenguaje y renunciar a la venganza, se ha de ser más duro y valiente que nadie. De ahí que para la mayoría, este hombre parezca más personaje más que persona, una figura capaz de conservar la calma en el centro de la vorágine de las pasiones que nos devoran a diario.

Como respuesta a las injusticias y abusos, la desobediencia en cualquiera de sus formas, acompañado siempre de la certeza de que esa actitud comportará dolor, también incomprensión. Esa forma de encarar el conflicto requiere de una disciplina y autoconocimiento extraordinarios, no al alcance de los mortales. Él no necesita el grito, sino un firme silencio, parte esencial de la estrategia de una persona tímida, acostumbrada al autocontrol, a la que acompaña, inseparable, la oración y la meditación y la creencia en la misericordia y hasta la providencia. No apartarse de su camino correcto, devolver bien por mal en sociedades opresoras nunca puede ser fácil, pero para él solo es valiente el que escoge la no violencia, a la que siempre se encuentra unida la verdad, la única, y el amor.

Las raíces de su mensaje llegan de muchos lugares, entre ellos Jesús y su "Sermón de la Montaña", tan alejado de lo que transmite la Iglesia, por otra parte. También de aquel Tolstoi cuestionado por unos jóvenes que requerían de su apoyo en una lucha cruenta contra un régimen autocrático y despiadado como el zarista, pero a los que aquel rechazaba porque, aun compartiendo fines, deploraba sus métodos.

Sus "palabras para la paz" suenan hermosas y poderosas, trascendentes, alejadas de nuestras miserias, puede que imposibles.

viernes, 21 de marzo de 2014

Richard Hawley y el golpe de suerte del CANTANTE



Si tienes una gran voz y talento para componer, lo más fácil es que acabes siendo cantante. Sin embargo, a Richard Hawley su oportunidad le llegó cuando no lo esperaba y un poco a lo tonto. 

Aunque se apunta siempre que se le mienta, su trayectoria como miembro de Pulp se reduce a tocar con ellos en alguna gira, lo mismo que tocó con otros, tal que Robbie Williams.

Músico currante de sesión, alejado del oropel que iluminan los focos, un día decidió ponerse al frente. Como señalaba antes, la vida cambió de carambola: al final de una sesión, sobraba tiempo y nadie quería hacer uso de unas horas de estudio pagadas. Dio un paso al frente y decidió grabar alguna de esas canciones que tenía guardadas, la primera "Coming Home". Y mira por dónde, aquello le fue gustanto a la gente hasta que llegó el éxito definitivo dos discos después, con "Cole´s Corner" que a él le conmovió sinceramente por lo inesperado.

Casi siempre en el trasfondo, el Sheffield natal que comparte con su amigo Jarvis Cocker; tras el paisaje posapocalíptico que dejan todas las crisis y que tan reconocible nos resulta -bien retratado en "Full Monty"-, se alojan añejos sentimientos y emociones reconocibles por todos.

Con maneras de otro tiempo, nadie en la actualidad encarna el papel  del elegante crooner rockero  con clase que ya interpretaron personajes de gran altura como Roy Orbison, el Elvis melódico, Walker Brothers, y en cierta forma hasta Sinatra o Johnny Cash con esos aires country que se cuelan en algunas de sus piezas. 

Por eso, y a pesar de todos los parabienes que recibió su último  y sorprendente disco de 2012, "Standing at the Sky´s Edge",  me cuesta aceptar que se escondiera su voz tras una música, para mi gusto y por momentos, demasiado densa.

Esperando a su próxima obra. Y es que siempre hay tardes nubladas tras ventanas donde Richard vuelve a ser el compañero ideal.

domingo, 16 de marzo de 2014

Mejores discos 2013 (VI)



Aunque ya estamos bien metidos en 2014, una última remesa de mis mejores discos 2013

1. QUEENS OF THE STONE AGE: "... Like Clockwork". Digno  disco de las "reinas". Iba a decir a la altura de lo mejor de su obra pero puede que nunca fueran tan buenos como pensábamos; tal vez una buena banda sin más, que nunca logró acercarse a Kyuss o puede que simplemente sea el recelo de saberlos el grupo de rock real que gusta a los indies.

2. JOSH ROUSE: "The Happiness Waltz". Me cae bien, me alegro de su reciente Goya por la música en la clásica pelicula española castaña. Nuestro valenciano de adopción sigue haciendo lo que mejor se le da, joyas de pop delicado olvidándose de aquellos experimentos más cercanos a la bossa y de su peculiar castellano.

3. BEN HARPER AND CHARLIE MUSSELWHITE: "Get Up!". Fructífero encuentro entre una de los tipos que más respeto de la música y una leyenda de la armónica. Un disco sin dobleces, rezumando fuerza y autenticidad.

4. THE NATIONAL: "Trouble Will Find Me". Nunca podía ser tan bueno como la "Violeta" pero  era mucho mejor de lo pensamos en principio, incluso con alguna canción ya inolvidable. 

5. DANNY AND THE CHAMPIONS OF THE WORLD: "Stay True". Ya no nos sorprende su disco redondo, sencillo y clásico. A reivindicar para que no se quede en el disfrute de unos cuantos. El milagro de lo bien hecho.

6. NEKO CASE: "The worse things get, the harder I fight". De haber sido más contenida la pelirroja, puede que hubiera sido el disco del año. Con unos cuantos nuevos clásicos de su repertorio.

7. LEE HARVEY OSMOND: "The Folk Sinner". El primer descubrimiento de fin de año. Mucho más que folk, plagado de influencias no solo musicales, también de fondo o tono oscuro. Discazo de principio a fin.

8. JONATHAN WILSON: "Fanfare". El segundo de fin de año. Disco ambicioso, arriesgado, lleno de matices, tratando de valerse de lenguajes difíciles que te pueden conducir a la ruina. Sale airoso con un disco excelso. Pervivirá.

9. UNKNOWN MORTAL ORCHESTRA: "II". Precioso disco de estos neozelandeses enamorados de la psicolelia, aunque de forma distinta a Jonathan Wilson.

10. BASIA BULAT: "Tall Tall Shadow". Un disco de pop bonito y agradable, nunca fácil de conseguir.  ¿Para qué más? A seguir.

11. VOLCANO CHOIR: "Repave". Nuestro idolatrado Justin Vernon ya marcó el camino de su proyecto Bon Iver en el último disco, el de la mística. En 2013 Justin se desdobló para mostrarnos sus dos caras, la más etérea  en Volcano Choir, la más pegada a la tierra y el pasado de The Shouting Matches. Y nosotros encantados con sus experimentos.
12. THE SHOUTING MATCHES: "Grownass Man"

13. JOHN GRANT: "Pale Green Ghosts". John Grant alcanzó cierto estatus con su anterior disco que se coló en muchas de los mejores listas de 2010, otro cantautor mustio con tonadas de calidad. Mira, lo dejo aquí porque, tras haber abierto la puerta,  le reconozco valor al tirar de tanta electrónica despistando al personal. Francamente creí que nunca volvería a escuchar algo como esto pero reconozco que detrás de algún "zumba zumba", hay algunas muy buenas canciones. 

Para terminar, una estricta recopilación con algunas de las que para mí han sido mejores canciones del año pasado: "2013. El regreso". 

P.S Para el que le interese, hoy también publico en el blog de Ciudad Rodrigo un artículo sobre nuestro cine Juventud, sobre el cine en general. 

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sábado, 8 de marzo de 2014

La gran belleza



Cada día más desengañado de esto de los premios, ya casi no les presto atención. Hace unos años eran una buena referencia, puede que la más importante. En música nunca significaron nada; en cine, enfilamos el mismo camino. Pero, he aquí que me gustó que le dieran el Oscar a la mejor película extranjera a "La gran belleza".

Un película difícil, que revisitando "La dolce vita" (película que vi una tarde de domingo de resaca y que se me hizo larguísima), busca algo más, busca conseguir ese concepto indefinible que podríamos llamar arte; más que un producto tras la habitual y transitada emoción del espectador. Pretende conmover, pretende la reflexión.

El absurdo papel de los intelectuales en nuestro mundo de decadentes costumbres, sobrevalorados por esencia,  puede que no más que ridículas y estériles figuras llenas de vanidad, a los que gusta sentenciar sobre la vida en un plano teórico, en juicios pretendidamente epatantes, prestos a discutir sobre grandes ideales que al final, poco tienen que ver con nuestras existencias, con el real bregar diario. Un mundo donde es difícil distinguir valor y precio.  

No es una película para cualquiera ni para cualquier rato; es lenta -puede que en algunos tramos demasiado-, pero valiéndose de un lenguaje y unas formas cuidadas al detalle, esconde meollo del bueno. Un gran obra de Sorrentino del que no he visto ni "Il Divo" ni "Un lugar en el que quedarse".

Recuerdo que poco después vimos otra película italiana de 2013 -ambas recomendadas por Elena-, "La mejor oferta" de Tornatore. Evidentemente más convencional, pero consiguiendo otra gran película llena de aciertos, una historia llena de líneas argumentales y matices de el autor de "Cinema Paradiso". También muy recomendable y entretenida -esta sí que para todos-. 

Y dentro de la forma, la música. A John Tavener lo descubrí hace poco, justo cuando se murió hace unos meses. Probablemente había escuchado música suya durante toda mi vida pero solo en "La gran belleza" me sorprendió reconocerlo. Como tantas veces ocurrió en mi vida, Tavener ha abierto una puerta a otros músicos y músicas que no conocía y que seguro pasarán por aquí.

Vale.

 

lunes, 3 de marzo de 2014

UMA PROJECT, mucho más que un documental sobre una carrera




“UMA PROJECT”,  LA CONQUISTA DEL OESTE

Hace tres años el documentalista Fran López Reyes se puso en contacto conmigo. Había presenciado la Ultra Maratona Atlántica; días después leyó la crónica de mi carrera en el blog, lo que le confirmó lo que ya había intuido frente al Atlántico: allí había materia prima para un documental. Hoy tengo el privilegio de ver la película.

Y sorprendido, advierto que el fruto de aquella lejana idea llega más lejos de lo buscado. Pretendiendo reflejar la idiosincrasia de una carrera especial, sus imágenes consiguen mucho más. De ritmo pausado y factura técnica impecable, buscando la reflexión tras cada zancada, partiendo de las íntimas razones que atesora cada corredor, se abre el plano hasta retratar qué es la Ultra Maratona Atlántica, el reto que los une. Colocando al foco en  cada luchador anónimo y solitario de pequeñas entrenos diarios sin gloria, nos ofrece un fiel fresco de la mística de la resistencia, de qué se aloja tras esa misteriosa religión llamada deporte de fondo.

Sus imágenes me traen recuerdos de una carrera entre la tierra y el mar.

Y recuerdo…

El oeste puede encarnar un sueño, una huida, un misterio, una esperanza, una nueva vida. Para correr la Ultra Maratona Atlántica no tienes más que marchar con decisión hacia el oeste y seguir hasta el final, hasta que la tierra termine bajo tus pies.

Al llegar al océano, desde Melides,  gira al norte, siempre hacia el norte, hacia una meta que nunca verás y que cuando al fin adivines tras levantarse la niebla, descubrirás que te engaña tramposa, un espejismo que puede que te anime por apenas un instante para golpearte durante horas al percibirlo siempre lejos, pareciendo que ni tus pasos, ni el tiempo, ni los kilómetros consiguen acercarlo.

La Ultra Maratona Atlántica no precisa de marcaje, basta una línea de salida y una línea de meta, lo que da fe de lo simple y auténtico de su propuesta, pura esencia del gran fondo, elixir de la resistencia, correr sin fin, correr hasta morir.

Fue natural  dormir la noche anterior al raso en una playa iluminada de estrellas, acunado por el canto de las olas. Como tantos otros aventureros, traté de invocar a los dioses del océano buscando su buena ventura para la travesía que me aguardaba tras el amanecer, corriendo empapado a su vera, sin cesar de escuchar su imponente voz.

Soy castellano, sin más mar y playas que las del intruso en verano. Tratar de aprender rápido, de adaptarme al medio, de buscar la forma más fácil de desplazarme sobre una superficie inclinada e inestable, una arena que te atrapa y que, terca, se empeña en tirar de ti para que pares, para que camines.

Una tierra que te cuenta que después de todo, en los tramos más duros y complicados, poca es la diferencia entre tu patético trote y el caminar. Pero tienes claro que eres corredor y sabes bien que por pequeña que sea, la diferencia sigue siendo un mundo. Porque puede que la victoria en esta carrera sea bien simple de enunciar, difícil de cumplir: vencer a la arena es no caminar, no detenerse jamás.  

Y sobre todo esquivar el disparo, despistar a ese falso amigo que siempre acompaña amenazante al maratoniano durante sus últimos kilómetros, el temible morirse, el habitual desfallecimiento  que en una playa infinita podría convertirse en aún peor condena.

A pesar de todo, terminar con la habitual sonrisa ascendiendo la única cuesta de la carrera, el repecho de arena que conduce a la meta de Troia. Si es tan corto…  ¿por qué cuesta tanto?

Yo que ya tengo otros especiales cuarenta y dos sobre arena, sobre un desierto, el de Sáhara, para más señas, te prevengo: la Maratona del Atlántico puede ser aún más traicionera y todos sabemos que cuando más se teme, más tienta.


Recuerdo. Mi recuerdo.

La película comienza su gira por festivales pero estoy convencido de que dará que hablar. Información y pequeño avance aquí. 

viernes, 28 de febrero de 2014

El regreso de Vetusta Morla


Vetusta Morla es un grupo ignorado por esos entendidos que para mí son oráculo infalible, fiables faros en la infinita búsqueda de puerto seguro, de ciudades llena de tesoros que viene a ser la cotidiana e insana afición del melómano. Tampoco cuentan para esos otros "entendidos" de mente cerrada y rígidos prejuicios, de innegociables esquemas mentales en función del estilo que idolatren o tribu en que militen, aunque ese juicio me interesa bastante poco.

Francamente se me escapan las razones. En mi opinión, Vetusta Morla cuenta con una obra de peso, irreprochable desde cualquier punto de vista, aunque me bastaría una razón: haber compuesto "Los días raros", una de esas canciones que puedo llegar a escuchar y disfrutar sin descanso veinte veces seguidas.

Por otra parte, no son una banda que surgiera de un día para otro, a la que se le presentara la suerte de cara. Crecieron lentamente durante años hasta que llegó su merecido éxito con un debut brillante. Puede que el mejor vehículo para reflejar su trayectoria, sea el curioso vídeo de "Un lugar en el mundo", el paseo desde su casa hasta la sala de conciertos de la FNAC.

 Se anuncia su regreso con un buen adelanto: "Golpe maestro". Expectante.

 

miércoles, 26 de febrero de 2014

El misterio de Scott Walker



Compré un disco de Scott Walker con veintitantos años:"Scott Walker Sings Brel", todo versiones del cantante belga. Me  pareció un horror. Como ha de ser para cualquier chaval  sano y bobo de esa edad, el territorio estético musical en el que me movía estaba delimitado por coordenadas integristas.  Volví a ese disco varios años después y me pareció maravilloso. Scott Walker es de esos tipos de los que todos los entendidos hablan más que bien pero que pocos se paran a escuchar.

Fugaz apunte para recomendar el documental "Scott Waker 30 Century Man" sobre un tipo raro de verdad. Extraño por seguir una vocación de artista real, por elegir el camino de la experimentación, por principio minoritario, por renunciar al éxito y a la fama convencional, por elegir el prestigio que proporciona el misterio. 

Sí hay algo que me soprendió muchísimo. Tal vez no sabría definir exactamente qué es ser  "británico" en el mundo de la música, pero muchos sabemos de qué hablamos. Si tuviera que elegir figuras que encarnaran lo "british", esa mezcla entre elegante y decadente, entre teatral y distinguido, pondría en esa lista a Jarvis Cocker (Pulp), Neil Hannon (The Divine Comedy) o Paul Weller, pero nunca faltaría Scott Walker. Por eso me sorprendió tanto saber que habido nacido en Estados Unidos. 

martes, 25 de febrero de 2014

Si no fuera tiempo de "Crematorio"


Siempre a la última, he estado viendo "Crematorio". Hace unos días andaba  hojeando en la biblioteca de Salamanca libros de Rafael Chirbes y justo cuando me pongo a escribir sobre la serie, leo que está basada en un libro suyo. No es tan buena como promete en un principio; ahí están los puntos flacos que probablemente disgustaran al autor y que hacen que todo se venga un poquito abajo a medida que se acerca el final, pero hay que reconocer la serie está muy bien, con una sorprendente y estimable factura técnica. No veo ninguna serie española desde hace muchos años; puede que ahora todo se mueva en esa onda. 

Sin conocer el libro,  por alguna de las disertaciones de los personajes, que me recuerdan a otro tipo de mangoneo, también en el origen de todo el hostión, -el reflejado en otra buena película: "Margin Call"-, imagino que la obra buscará retratar y reflexionar sobre unos de los pilares de nuestra particular crisis patria.  
Seguro que su estreno fue contundente en 2011, pero tres años después se entiende mucho mejor. Entonces creíamos que los malos eran menos, que se criaban al calor de madrigueras que invitaban al trinque y al vicio. Hoy que han caído y siguen cayendo tantas cortinas de palacio -al menos nos queda eso-, descubrimos que eran muchos más de los que pensábamos (¿tal vez todos?), que el mangoneo se ejerce conforme a muchas suertes, que hay delincuentes que lo arriesgan casi todo, pero que también hay carta blanca para muchos delitos tolerados y hasta privilegios sin fundamento serio, consagrados por sacrosanta ley. 

El fin común es la que une a tanta ansia desbordada: una vida como la del temido Rubén Bertomeu, un rico de manual decadente y hortera donde no pueden faltar la tías buenas, el yate, el arte postizo o las piezas de caza. Porque eso es la FELICIDAD.

Me pregunto si al menos hemos sacado algo bueno de todo este maldito entuerto que ya dura demasiados años . Me pregunto si, al menos, la sociedad ha dejado de admirar a todos esos tipos que fueron los más respetados mismamente anteayer. Pero sobre todo me pregunto si las raíces del desprecio y censura son las correctas: un irrenunciable código de valores o simplemente  la envidia. 

Grande Pepe Sancho, para siempre encadenado a ese cabrón borracho de poder llamado Rubén Bertomeu.

 Ya lo sabéis, canción de cabecera interpretada por Loquillo. 

domingo, 16 de febrero de 2014

¿Por qué escribir? Presentación de "En Extraplomo"

FORMAS DE ADQUIRIR EL LIBRO:

En Ciudad Rodrigo en las librerías NOVA EXPRESS Y GARZÓN

A través de mi correo abelatalanta@hotmail.com

PRECIO:10 €

(¡SIN GASTOS DE ENVÍO!)


LIBRO ELECTRÓNICO

Descarga en Casa del Libro, Amazon, todostuslibros.com

PRECIO: 2 €


(Los padres con las dos criaturas, la que ya está aquí y la que está a punto de llegar.)

Os dejo mucho de lo que conté ayer en la presentación y las formas de adquirir el libro.

Gracias a Rebeca, a Raquel ,a Juan DMorán y a todos los que ayer me acompañasteis o simplemente os acordasteis.



PRESENTACIÓN DE “EN EXTRAPLOMO”  (15 de febrero de 2014)

“¿POR QUÉ ESCRIBIR?”

Creé el blog  a finales de 2008, poco antes de la quiebra de la Banca Lehman,  el acontecimiento considerado como inicio oficial de la maldita crisis.  Nadie creía entonces que se avecinaban tan malos tiempos, que aún hoy, en 2014, tienen paralizado a todo un país entre el miedo y la amenaza. Con un arranque anterior, también han sido malos tiempos para mí. Sin embargo, una de las cosas buenas que saqué en claro de mi particular travesía por el desierto fue descubrir que me gustaba escribir, que casi lo necesitaba.

Entonces los blogs estaban de moda. Hoy, menos de cinco años después, ya casi son una pieza arqueológica arrasada por la implacable ley de caducidad del mundo virtual. Existía un subgénero dentro del fenómeno bloguero: los blogs de deporte,  los dedicados a la resistencia más exactamente, donde los deportistas básicamente se dedicaban a contar sus entrenamientos y competiciones.  

Así empecé yo. Más a menos me ajustaba a las reglas pero para mí era un campo demasiado estrecho, unas reglas de juego asfixiantes.  Pronto unos cuantos raros nos pusimos a tratar también de música, literatura, cine, de la actualidad y acabamos por escribir de cualquier tema, también de nosotros mismos. A cualquiera que abre un blog siempre le asiste una duda: ¿no llegará el día en que se acaben los temas, en que no sepa de qué hablar, que no tenga nada que compartir?

Yo me di cuenta muy pronto de algo importante: tengo mucho rollo y el motivo más bien me da de lado. A menudo me tomo lo de escribir un artículo como las redacciones que antaño nos mandaban hacer en la escuela. Tienes un tema, lo haces, lo entregas y punto. Materia prima hay por todos lados y toda es buena; que el material que fabricas sea bueno no depende del objeto, depende de ti, de utilizar el ángulo  y los instrumentos adecuados, depende exclusivamente del tratamiento. De hecho ya no creo que haya buenos o malos temas. Escribir no consiste más que sentarse y darle al teclado o al bolígrafo. Me gusta esa frase de Javier Reverte: “Los libros se escriben con el culo”. Lo de las musas es un gran camelo. Las ideas llegan continuamente –yo siempre llevo en los bolsillos papeles con anotaciones para que no se me escapen-, solo hay que colocar la antena y trabajarlas. Y esto es como todo, como cualquier actividad en la vida, cuanto más la practicas, cuanto más leas también, mejor te saldrá.

Por otro lado, en aquellos días, muchos lectores comenzaron a decirme que le gustaba lo que escribía, que le interesaba y eso anima, es estimulante.  Es algo a lo que nunca te acabas de acostumbrar y siempre, siempre se agradece.

Y llegó un día  que fui consciente de que ya no podía vivir sin escribir, que ocupaba una parcela más de mi vida, como tantas otras. Pero no por las razones que a lo mejor pensáis. La recompensa real es el texto, eso basta. Dar por terminado el pequeño proyecto en el que has estado trabajando, primero mentalmente, después ya manos a la obra, es un proceso que engancha.  Yo soy deportista y es una sensación muy parecida a la que tienes después de entrenar o competir, una forma de liberación. Porque escribir como correr, cuesta, requiere concentración y disciplina; de hecho, hay ocasiones en que puede resultar agotador.

El hecho de que al otro lado haya personas empleando parte de su tiempo en algo que yo escribí me parece sencillamente milagroso.  En un mundo en el que todos tenemos prisa, en el que nunca llegamos a lo que queremos,  en el que la tendencia reinante es probar de todo quedándonos siempre en lo superficial, en el que ya solo leemos en diagonal, que haya gente que  emplee diez minutos de su vida en uno mis artículos y le puedan sugerir algo,  me hace sentir enormemente agradecido y espero no perder nunca esa sensación.

Otro paso importante en mi relación con la escritura fue el de comenzar con la ficción. Comencé a inventar, a escribir ficción hace relativamente poco tiempo, alrededor de un par de años. Me gusta escribir artículos sobre el material más variado y algunos me parecen que están bastante más logrados, que tienen más calidad de lo que se incluye en el libro.

            Escribir ficción es más difícil porque construir personajes y situaciones creíbles es muy complicado. También sé que soy muy exigente, muy autocrítico y me cuesta horrores darle el visto bueno; puede que sea porque ya solo leo a los mejores. El tiempo es el que es y no pierdo el tiempo en minucias.  De hecho, la mayoría de lo que se publica y se vende me parece bastante malo. Comencé con timidez y me sigue acompañando una gran inseguridad –lo que no me parece malo y creo que acompaña a cualquier creador, hasta a los buenos de verdad-, pero el hecho de que también a la gente le gustara lo que publicaba, me hizo adquirir algo más de confianza.

            Ahora bien, soy muy consciente de mis limitaciones. A veces me cabrea cuando me sorprendo tomándome demasiado en serio. Para mí es una afición como puede serlo el deporte. Lo mismo que corriendo por el monte no puedo aspirar a ser Kilian Jornet,  tampoco escribiendo puedo ser Muñoz Molina. Pero a  mí me basta, me satisface compartirlo con un círculo más o menos amplio. Sí hay algo que busco, que mis letras no sean letras muertas, lugares comunes de tantos periodistas o escritores afamados que no escriben más que basura a sueldo, cartón piedra previsible, quiero que se sienta la pasión que le pongo detrás, que hagan sentir, pensar, incomodar, buscar.

Pero escribir bien es otra cosa, es atrapar algo que los demás no vemos, es retratar con lucidez lo miserable o divino que hay en el ser humano. Leer unas líneas de  Philip Roth, de Norman Mailer, de Céline me puede dejar literalmente noqueado. Cómo meter tanta vida dentro de un simple párrafo. Y no hay una fórmula, es una especie de don. Dentro de esos privilegiados los hay que escriben recargado y complicado y otros –los mejores- cuentan mucho de la forma más aparentemente humilde o sencilla.

Pero el caso es que hoy estoy aquí, presentando un libro. El libro está autoeditado en uno de las tantas editoriales  que hoy se dedican al fértil negocio de atender las ínfulas de tipos como yo que se las dan de escritores. Leí que en España se publicaban alrededor de 100.000 libros al año, lo que me parece una locura, tal y como está el negocio. Además de no considerarlo tan bueno, el libro es extraño y poco comercial, como para andar rompiéndome  la cabeza buscando que lo publique una editorial seria, sobre todo cuando sabes que hoy es complicado hasta para verdaderos escritores profesionales. El formato físico ha quedado bien pero la pasta debería ser algo más gruesa para hacer justicia a la gran foto de Raquel.   No es que la inversión sea muy grande, mas no pretendo ganar ni un duro –me conformo con no perdelo-, soy realista. Sé lo que tengo entre manos y sé cómo desgraciadamente está el percal.

Como decía, el libro es raro, en cierto sentido un cajón de sastre, hay textos nuevos pero también muchos retales de los últimos años que seleccioné y quería conservar antes de seguir adelante con otros proyectos. Algunos de los textos más antiguos –se nota por la Ortografía de la RAE anterior 2010 que no he querido retocar- , los hubiera descartado a la luz de mi criterio actual, pero además de saber que hay personas a los  que le gustaron mucho, finalmente vienen a ser tus pequeñas criaturas a las que acabas cogiendo cariño.

El libro tiene dos partes:

Una primera de RELATOS. En principio, dentro de mi estilo, es la parte más convencional del libro. Las historias no tienen un motivo común. Sobre todo, si atiendo a los añadidos en último término, trato de experimentar, de explorar varias posibilidades, probar nuevas formas de contar, estilos, géneros, temas como puede ser la de utilizar la voz de un niño o el diario de un adolescente, acercarme a las consecuencias y causas de la crisis, pasando por las implicaciones políticas, tema prácticamente ineludible hoy, algún amago de género más negro además de la violencia doméstica, históricos con desarrollo en Ciudad Rodrigo, microrrelatos, etc. Se incluyen un par de relatos premiados en dos concursos. Hay una nota común en todos ellos: es una descripción de interiores de los personajes. Prescindo del entorno por completo.

Sí hay una categoría especial, los más raros  puede que sean los que más aprecio, los que sugieren más que cuentan y que cada uno puede interpretar de distinta forma a la luz de su situación, de sus vivencias, de sus expectativas. Son una especie de transición a las ATALANTIANAS donde las imágenes y el lenguaje más puramente poético manda.  Un amigo, Carlos, hablaba del rollo atalantiano y de esa broma tomé el nombre para esas composiciones crípticas y misteriosas que de vez en cuando publicaba en el blog.

La influencia de la  poesía está ahí. Me gusta leer poesía, una actividad que tal vez no esté de moda porque requiere concentración y se ha de hacer de forma lenta y meditada. Me interesa el trabajo con imágenes, cómo son capaces de atrapar realidades en apenas un verso y supongo que eso me influye en mi forma de escribir.

Por otro lado, también  está esa otra forma de poesía con la que convivo muy unido desde adolescente: la música. Las atalantianas también se podrían describir como canciones; en cierta forma, utilizan su lenguaje, su forma de expresar. Además del deporte, puede que leer y la música sean mis aficiones favoritas. Por ello, las referencias, tanto literarias como musicales, son continuas a  lo largo del libro.

Las atalantianas son las que definen el título: “En extraplomo”; para los que no lo sepan “extraplomo” es un término que se  utiliza en la jerga montañera y describe la escalada en rocas que superan la línea vertical, colgados de paredes que literalmente se te vienen encima. Puede que así me sintiera yo durante muchos años.

El valor de las atalantianas está en la verdad que encierran. Ciertamente ahora no podría escribirlas y esa es la mejor señal de la fidelidad del testimonio. Fueron mis armas para entonces expresar y explicar, hoy para interpretar mis peores años. El texto más claro “2012”, que en principio, carece de valor literario alguno pero es importante para mí; no es más que una sucesión de imágenes, de pensamientos que decido exponer a través de una estructura rota para indicar su ritmo constante, el de un metrónomo golpeándome durante años con el que aprendí a convivir, fabricándome paréntesis artificiales e inestables.

 Como reverso positivo, “Cordada” y la única atalantiana fechada, que quería recoger porque simbolizan mi renacer, mi llegada a un nuevo mundo. Todas esas composiciones retratan una experiencia concreta de la que se puede partir para la reflexión. Todos pasamos por problemas en la vida; y aunque nos afectan de forma distinta, seguro que todos reconocemos esa íntima desazón que a veces se apropia de nuestras vidas.  Lo que nos diferencia no es el tamaño de nuestros problemas sino la forma de encararlos o resolverlos.  Yo nunca  supe hacerlo –puede que no supiera hacerlo en toda mi vida-,  hasta que yo mismo me convertí en el problema. Aunque a veces pensamos que no hay cosas peores que las que nos ocurren a nosotros, no es una percepción real. A diario somos testigos de ejemplos de vidas traspasadas por tragedias terribles que demuestran una fuerza y un temple inspiradores para afrontar nuestras pequeñas desgracias.

            Hay una frase de Juan José Millás que me encanta: “Escribo por las mismas razones por las que leo, porque no me encuentro bien”. Esta respuesta que me parece muy lúcida, aplicable a todo lo que escribo, es especialmente verdad para referirme a estas composiciones huella del más íntimo dolor que hoy –insisto-, jamás podría escribir. Por otra parte, escribir, al igual que el deporte, me sirvió para alejarme de mí mismo, para intentar entenderme, para sobrevivir, fue una bendita válvula de escape.

Ahora me ocurre como a los músicos que no vuelven a escuchar sus discos. Ya no leo lo que escribí. No me gusta porque lo vería lleno de fallos y haría cambios sin parar; además hoy me veo a mí mismo como a otra persona, como si fuera un personaje de mis relatos,  alguien distinto a mí. A veces pienso que todo aquello no fue tan malo, quizás el destino que me ayudó a despertar, a convertirme en otra persona, a ser feliz. La frase de Dylan que utilizo para abrir el libro creo define muy bien esos textos o esos años de mi vida. “El que no está ocupado naciendo, está ocupado muriendo”  de “It´s all right, ma (I´m only bleeding)”. Yo aquellos años solo moría un poco cada día y ahora siento revivir cada uno. En realidad, todo es mucho más fácil de lo que pensaba.  

La última parte se trata de una recopilación de  unos pocos poemas dedicados a temas variados que no quería perder, incluido el que se recogió en la recopilación que se hizo sobre la crisis y en la que comparto páginas con ilustres como Aute, Juan Carlos Mestre, Ángel Petisme o Inma Luna. Especial recuerdo al Manolín, nuestro bar. Lo que era un poema con motivo de sus cinuentenario se convirtió en una suerte de sentida despedida.

Para terminar, unos textos que parten de experiencias reconocibles por todos como son la muerte de mis abuelas, el nacimiento de mi hija o  la relación con mi madre que creo, encajan bien en un libro de naturaleza tan íntima o personal, sobre todo teniendo en cuenta que jamás volveré a publicar algo así.

Mis siguientes proyectos serán muy diferentes.  Después de verano pretendo presentar un libro sobre mi relación con el deporte de resistencia con algunos textos del pasado retocados y algunos que tengo por hacer. Su nombre será “Diarios de ultrafondo”.  
Por úlitmo, el próximo año quiero publicar mi primera novela cuyo guion ya tengo esbozado que se desarrollará entre Las Hurdes y Ciudad Rodrigo  y en la que ya estoy trabajando.  Su nombre: “De prodigios”.

Y por supuesto habrá tiempo –o quiero pensar que lo habrá- para escribir en el blog de lo que se tercie: música, deporte, Ciudad Rodrigo… y por supuesto, Abril.

Escribir, escribir lo que sea. ¿Por qué escribir? Porque me ayuda a entenderme, porque me ayudó a salvarme.