sábado, 22 de agosto de 2015

El asfalto de mi calle



Dos tremendas canciones de vocación algo costumbrista para retratar un mundo cuyos estertores llegué a conocer. Lo mismo que hace una semana mi crítica al concierto de Loquillo estaba traspasada por el poderoso recuerdo de la trascendental etapa de iniciación al rock en un adolescente, a estas músicas y músicos llegué más tarde, de una forma menos visceral, digamos más racional -a la de Lone Star por una enérgica versión de una ya viejísima cinta de Desperados, el grupo del crítico Fernando Martín-, por lo que nunca podré llegar a comprender su verdadero trasfondo, el de sentirse algo atrapado en una sociedad asfixiante, el de encontrarse al borde de algo nuevo y mejor, el de tener por delante una tarea titánica: un mundo por destruir, otro por construir.

jueves, 20 de agosto de 2015

Variantes modernas de imprimátur



Aunque no exista sórdido despacho, y la Oficina Central de Seguridad en sus diversas denominaciones, no exista, la mecánica de la escena viene a ser la misma: un individuo sentado rígidamente en una silla incómoda frente a una mesa. El solícito funcionario, con o sin gorra de plato, le interpelará amable: "Basta con que firme aquí y podrá seguir dedicándose a esas cosas raras a que se dedican los artistas, señor artista".

Lo que no me deja de llamar la atención es que los necios que pergeñan sus propios Index Librorum Prohibitorum, son gente estudiá, y los habrá hasta de Políticas, la carrera de moda, lo que me hace preguntarme por los beneficios reales de "esta" educación que sufrimos. 

Imagino que a estos tipos se les debe explicar en primer curso que uno de los fundamentos de un Estado Democrático y de Derecho, algo que no está ahí porque sí, sino que una sociedad se ha de ganar a diario, es el que usted carece de legitmación para preguntarme: "¿Milita o ha militado en el Partido Comunista?"

Al final, aunque los autores cambien, todos los funcionarios tienen el mismo rostro. la misma voz inocente que susurra: "Una simple firma (ahora es un simple tweet) y todo terminó". ¿Y qué perdió más que la dignidad, Sr. Shostakovich, Sr. Trumbo, Sr. Grossman, Sr. Dmytryk, Sr. Matisyahu?

A cuenta de, recuerdo hace un par de años otra de estas ya previsibles olas indignación, porque Muñoz Molina no renunciaba a un premio que le había otorgado una institución israelí. Aquí los fariseos eran los otros, esos señores que, rasgándose las vestiduras, exigían -porque sí, porque ellos lo valen- al autor agraciado por su talento y esfuerzo, un posicionamiento ideológico. Compañero, cuando tú disfrutes de ese honor, recházalo con vehemencia y mucho ruido, que me parecerá fenomenal, porque puede que esté hasta de acuerdo con tus razones, pero has de respetar que otro lo acepte sin reservas. 

 David Torres tiene mucho arte escribiendo, le suelo leer más por la forma que por el fondo, ya quea veces me parecen demasiado simples sus diagnósticos -en esta España, a alguno le parecerá raro leer a alguien con el que a menudo no estás de acuerdo para intentar comprender al otro, para disfrutar en muchos casos con lo bien construido-, pero mira que en esta ocasión es al revés. Sin salirle un gran artículo, coincido punto con punto con la opinión expresada en "Ventajas de la censura".

martes, 18 de agosto de 2015

Imagina




Imagina el rumor de la artillería; lo imaginas porque lo has escuchado en las películas pero ése no cuenta. Imagina que sabes cómo suena una bomba cuando estalla, que  la última no fue la última, que volverá a suceder.Vuelve a intentar imaginarlo cada noche desde la cama de tu habitación. Imagina el ruido de botas apresuradas en el pasillo, imagina temer el golpe en la puerta.

Imagina salir cada mañana a la calle, a la calle de tu barrio desde niño, y sólo hablar y escuchar sobre la última tragedia de un conocido, sólo escuchar llantos, sólo sentir duelos; oír sobre barbaries que al comienzo fueron lejanas, más por lo increíble. Imagina tu sangre, la misma de los animales muertos que antes tenías para alimentar a tu familia, imagina la carne muerta sobre el pavimento, el dolor del agonizante, el rictus contraído que provoca la sorpresa del señalado por la caprichosa mala suerte.

Imagina comprimir el futuro, todo tu futuro, en sólo el día siguiente.  Imagina conformarte con sobrevivir. Imagina una salida lejana, una pequeña esperanza, imagina una vida. El precio: todo lo que tienes, tu vida en un sobre oculto, apretado fuerte contra tu cuerpo.

Imagina un desierto, imagina seis días de carretera en un desvencijado camión atestado para cruzarlo. Imagina dejar tirados en las cunetas a enfermos aún aferrándose a la vida, imagina niños junto a padres languidecientes, imagina niños ya completamente solos.

Imagina caminar sintiéndote vigilado por las calles de una ciudad extraña porque todos saben que llevas encima lo poco que tienes, imagina la violencia de cada robo, imagina a la víctima despojada convertida ella misma en simple despojo sin hora siguiente.

Imagina algo a lo que se llama centros de detención sin apenas comida, con un servicio para quinientas personas, durmiendo en el suelo de pequeños almacenes asfixiantes. Imagina la noche antes del viaje, el no dormir, el sólo rezar para no ser uno de los que no lo logran, de los arrastrados al fondo del mar sin siquiera plantear la triste y quimérica lucha final del que  sabe nadar.

Imagina llegar a la playa y ser uno más de los cientos que se aprietan para poder entrar en algo que llaman barco pero que más parece un pequeño cascarón viejo y descolorido a punto de desintegrarse, ajustada metáfora de tu destino.

Imagina cómo los que se niegan a embarcar alegando que ése no es el transporte que les vendieron, son subidos a punta de pistola y arrojados en el fondo de una bodega maloliente sin comida ni agua, que en mucho recuerda a lo terriblemente incierto de aquellas vidas en galeras de hace siglos, la delgada la línea entre vivir y morir.

Imagina la avería del motor, el abandono de la tripulación y el vagar sin rumbo al despiadado sol de agosto del Mediterráneo.

Imagina un tumulto creciente, el después contarte cómo arrojaron una familia cristiana por la borda. Imagina la sed, imagina hombres de corazón negro, bebiendo la blanca leche de los pechos de una madre.

Imagina los primeros muertos a tu lado, preguntándote si tú serás el próximo, si todo ha terminado. 

Detente un instante, no sigas leyendo. Regresa al principio e imagina al mismo personaje en la bendita forma de una mujer preñada. 

Ahora que has vuelto, ella sigue ahí, en el fondo de la bodega, casi sin poder respirar. Mientras piensa en la muerte con los ojos cerrados, acaricia protectora la vida en sus entrañas, ya pugnando por salir.

Horas después, en la camilla sobre la cubierta de la patrullera italiana, sonríe a la luz que sólo ilumina a las mujeres recién paridas con su niño en brazos. Esa luz es aún más intensa porque ya no le importa qué le ocurra. Ella decidió emprender un camino en solitario por su hijo, y ese niño no será un apátrida, ese niño tiene una oportunidad en la insólita forma de expediente administrativo, el de  nacionalidad. La madre  dio todo y recibió lo que merecía: todo.

sábado, 15 de agosto de 2015

La mística de Lemmy


Después de dos noches viendo un largo documental sobre Santa Teresa - me interesa mucho la mística castellana del XVI, podría ser peor-, ayer cambié redicalmente de registro con otro personaje extremo de muy distinta índole. "Vive rápido, muere viejo" es un documental sobre Lemmy Kilmister  y sus Motörhead

Técnicamente no es muy bueno, pero tiene lo que mímimamente se le exige a un documental: información. Información suministrada básicamente a través de la voz de uno de los tipos más icónicos del rock and roll.  Es legendaria su apuesta por un estilo de vida muy claro, marcado por una simple y rancia divisa: sexo, drogas y rock and roll. A diferencia de la mayoría de sus compañeros de metal, él no transitó años de mala vida para volverse sensato al ver las orejas al lobo en forma de las múltiples bajas y daños colaterales ocasionados entre las huestes rockeras . Para él, el rock and roll es un estilo de vida, algo muy serio. Hace tiempo que la impropia velocidad de nuestro mundo tornó lo escandaloso que arrastraba una figura como Lemmy por casi lo entrañable, lo que ya no sé si le hará mucha gracia al protagonista.

En un sorprendente discurso lúcido y coherente -es un lector voraz-, trata de explicar lo difícilmente entendible para todos los demás, el porqué de ese modo de vida algo suicida, con el cotidiano echarse al coleto una botella de bourbon o el no haber abandonado las drogas. Una respuesta al mundo en el que vive, el de los titulares de prensa -no sé las veces que dice que se jodan todos los políticos- y el más íntimo y personal, sumergiéndose en esas relaciones que le marcaron o que no dejó que lo hicieran, como la frustrada relación con un irresponsable padre que ansiaba calmar su culpa -un cura, para más señas-. 


En el trasfondo, la poco glamurosa vida de los obreros del rock, casi en continua gira. Soprendentemente, Lemmy, con casi sesenta años cuando se grabó el documental (2003), gozaba de buena salud. Sin embargo, hace unos meses leí que sufrió un serio aviso, que tenía que tomarse las cosas con calma. Probablemente cumplirá con uno de los clásicos mandamientos de una estrella del rock and roll, el de la autodestrucción. Será Lemmy hasta que caiga el telón. We salute you.
 

miércoles, 12 de agosto de 2015

Teresas


De Bernini a Bansky pasando por Sonic Youth.

sábado, 8 de agosto de 2015

I Ultratrail de las Hurdes, campana y se acabó


Otra crónica pendiente que dejó escrita, más que nada, para tener un testimonio de nuestro primer ultratrail por Hurdes, precedente de, estoy seguro, muchos más. Porque estas tierras vecinas tienen tanto por descubrir para el corredor y caminante, que no queda otra que seguir con nuestra empresa: la de disfrutar y dar a conocer una tierra algo mágica, oscura y encantada. Planteé un recorrido, pero pudo ser otro bien distinto, como, de hecho, varió el finalmente realizado respecto al incialmente previsto.

Cuatro fuimos de la partida: Simón, Arturo, CiegoSabino y yo. Tras dormir en el gimnasio del colegio de Nuñomoral, amablemente cedido por su director, nos levantamos poco después de las cinco para comenzar a las seis de la mañana, con la fresca, desde el puente sobre el río Hurdano. Abandonamos de noche las calles de Nuñomoral para recorrer el kilómetro de asfalto -el único tramo del día-, que conduce a la alquería de Cerezal, para enfilar la corta y dura ascensión que nos situaría frente a la primera privilegiada vista del día,  una espectacular caída sobre el río.

La primera parte del recorrido consiste en ir por ese valle río arriba hasta la Pregonera. Cuando comenzamos a marchar por el camino, que, al comienzo, discurre en el interior de un pinar, ya ha amanecido y no se siente frío alguno. Después el camino que une Cerezal y Asegur transita entre huertos. Marchamos corriendo pero, a veces, paramos para apreciar los acusados meandros que forma el río. Hacia Asegur, el camino desciende progresivamente hasta situarse bajo el nivel de la carretera que discurre al otro lado del valle. Es un camino precioso y poco conocido, como tanto en Hurdes.

Al salir de Asegur cambia el percal, porque aunque la belleza de los montes en los que nos internamos impone, circulamos por pistas forestales, en una larga ascensión que hacemos andando. Después comenzaremos a descender por pistas hasta situarnos a la altura de Casares de Hurdes, que dejaremos atrás para llegar a Casarrubia y La Huetre, donde volveremos a valernos de un sendero entre huertos de cerezos, que en un par de giros nos sumergirá en paisajes de verdadera montaña algo inesperados, de la que hace exclamar, de la que hace sentir diferente, pasos que invitan a la admiración y al silencio y que finalmente nos conducen a uno de los balcones más impresionantes que he visitado y que, no sé si afortunada o desafortunadamente, poco gente de por aquí conoce: la Pregonera, donde llegamos con ya el sol calentando a pesar de que todavía es muy temprano y sudando lo nuestro -al menos yo, ya sabéis-. No importa las veces que lo visite; siempre merece la pena, siempre cabe sentarse y, callando, sumergirse con respeto en el entorno. Sobre la cima hay una estructura en forma de balcón o mirador que, aún evidentemente siendo un pegote, aquí cobra sentido, ahora que en Hurdes se tiende a abusar de la fórmula, colocándose y proyectándose miradores por todos lados, pervirtiendo algo del espíritu de unas tierras que no necesitan de este tipo de accesibilidad.

Tras el descanso de rigor a la deslumbrante luz del sol amenazante, descendemos para iniciar el regreso río abajo tras cruzar a la otra orilla, volviendo de nuevo por la pista trazada a media ladera que nos conduce por encima de Huetre y Casarrubia hasta casi la altura de Robledo, donde descendemos por un pronunciado camino hormigonado -¡Vive Dios el disparate!- hasta Casares de Hurdes, que atravesaremos para bajar de enuevo casi hasta el fondo del valle y enlazar con la Ruta de Alfonso XIII. Es cuando vemos un cartel explicativo de la ruta con perfiles y distancias hasta el final, Las Mestas. Teniendo en cuenta lo que llevamos, algo más de 20 kilómetros, haciendo una estimación de la distancia de Batuecas a Peña (el único tramo cuya distancia real desconocemos), por primera vez nos podemos hacer una idea de la distancia del recorrido total del ultra: alrededor de 60 kilómetros.

Desde Casares se inicia la subida hasta el alto de las Carrascas. Aunque ya hace calor y el terreno es de un exigente y largo desnivel, afortunadamente marchamos protegidos por la sombra de un pinar. Al llegar arriba, antes de comenzar el descenso, merece otro vistazo el nuevo valle en el que nos internaremos, el del Ladrillar, a lo largo del cual se desarrollará a partir de ahora nuestra aventura, paraje coronado por el pico más alto de Hurdes, el Mingorro.

Largo y técnico descenso por un precioso sendero hata Roomalo de Arriba, pequeño pueblo semiabandonado. Desde allí, a la vera del río, sin dificultad alguna hasta Ladrillar. Después sí enalazaremos un prolongado sendero ascendente con imponentes vistas a uno y otro lado donde, completamente expuestos al sol, llegaremos a un mirador a partir del cual se baja en un par de kilómetros a Cabezo, donde hacemos una parada en el Hogar de Mayores.

Aquí, en lugar de seguir la Ruta de Alfonso XIII, nos desviaremos por el camino que nos lleva fuera de Cáceres, fuera de Hurdes, a la provincia de Salamanca, a Batuecas. Cuando lo revisamos hace unas semanas una tranquila mañana, no me pareció nada complicado, pero a estas alturas ya debo marchar algo cansado porque, a pesar de marchar tranquilos, aprecio cuestas donde antes no las había.

Preciosa e insólida imagen para la mayoría, el punto de vista desde el camino de Hurdes del monasterio de Batuecas. Sería una falta de respeto con el entorno no hacer parada aquí, junto al mágico y bello río. Cumplimos, comemos y alguno hasta nos bañamos.

He aquí que cuando ya casi estamos para reiniciar el camino río arriba que nos llevaría a Peña de Francia, CiegoSabino pregunta si estamos seguros del camino. La verdad es que yo este tramo no lo había revisado pensando que no era necesario, que no había lugar a error; yo había bajado corriendo en una ocasión, Agus dos veces y Simón también; yo tenía la impresión de que aquello no tenía pérdida. Sin embargo, comenzamos a dudar cuando caminamos río arriba, advirtiendo CiegoSabino que por allí no era, así que al final,  cautos, optamos por otra alternativa, la de subir por el temible Portillo a las cuatro de una tarde de despiadado calor para terminar en La Alberca.

Antes, en uno de nuestros cónclaves y tentativas de camino, parados, al bajar de un escalón colocado frente a las pinturas rupestres, me caí. Ciertamente aquello no le parecería nada a cualquiera que lo hubiera presenciado, más después de tantos años de verdaderas caídas corriendo por el monte, pero noté algo extraño, que me hice daño en el exterior de la rodilla, sin poder evitar cojear ostensiblemente. Así subí el Portillo, otra memorable ascensión, esta vez aún más machacado por lo especial de las circunstancias. Arturo y Simón por delante, yo esperé arriba al Ciego que me dejó los bastones para bajar hasta La Alberca porque era bajando cuando más sufría mi rodilla.

Y así acabamos malamente un gran día. Alrededor de 55 kilómetros y bastante más de 5.000 metros de desnivel acumulado -3.275 positivos-, por paisajes extraordinarios, en compañía extraordinaria.

Desde entonces -mayo-, no he vuelto a correr más que un par de medias horas para confirmar que esta vez no, que el reposo no sanaba la lesión que, a grandes rasgos, por reciente diagnóstico, ha de ser síndrome de cintilla iliotibial y condropatía rotuliana. En estos momentos el tiempo libre lo utilizo para estudiar, así que lo dejo estar. Después de los exámenes montaré en bici hasta el Iberman del 3 de octubre -que ésa es otra-, a ver si me sienta bien, ya que una de los objetivos de la rehabilitación sería fortalecer el cuádriceps. ¿Después? Ya se verá. Al menos puedo andar por el monte, por lo que, de una manera u otra, habrá futuras ediciones del Ultratrail de Hurdes, y a no mucho tardar. Sería egoísta por mi parte seguir conociendo estas tierras, que ya considero algo mías, y no compartirlo.

A todo hay que verle el lado bueno. A cuenta de quedarme en casa con la pata quebrada -básicamente, eliminar la salida larga del fin de semana por el monte-, me senté en serio y terminé el libro sobre mis 20 años de relación con el deporte de fondo, que finalmente publicará la Biciteca a finales de año, y hasta me presenté a una asignatura cuando ya no lo tenía previsto hasta septiembre, decisión que tomé tras la crisis que sufrí a principios de año, cuando constaté que era imposible trabajar, estudiar y la convivencia con un pequeño duente algo alocado. Bien, parece que reconsideré aquella resignación y en ello andamos, luchando por hacer posible lo imposible, robándole tiempo al sueño y a otras partes de la vida. Pero yo me engaño: me gusta estudiar. 

Después de este apunte que no venía mucho a cuento, clásico cierre:

"¡¡¡YO SOY ESPARTACO!!!"


































miércoles, 5 de agosto de 2015

Tertulia: "Memorias del subsuelo"


Tertulia conmigo mismo, siguiendo con libros que han de resultar muy atractivos para la mayoría, de rabiosa actualidad, que se dice. Retraso justificado desde la convocatoria porque está siendo un año complicado debido a ese pequeño personaje que últimamente anda por casa.

El libro se presenta en la forma de  torrencial diario firmado por un extraño personaje, estructurado en dos partes.

En la primera, el protagonista nos presentará su negativa visión del mundo, del hombre y la sociedad. Desde la experiencia de su fracaso social  y la lucidez que se atribuye el más inteligente ("Soy culpable, ante todo, porque soy más inteligente que cuantos me rodean"), expone un desordenado tratado filosófico existencial lleno de resentimiento, sarcasmo y amargura, acerca del progreso y la civilización, la libertad o la voluntad humana, capaz de obrar en contra del interés del hombre y buscar su propia autodestrucción, llegando a esta definición del hombre: "Ser bípedo e ingrato" y la vida: "El deseo es la expresión de la totalidad de la vida humana". Sin embago, él tiene su subsuelo, la suprema finalidad de no hacer nada en absoluto, de renunciar, de no participar, "La inercia contemplativa es preferible a todo" "¡Viva el subsuelo!".

En la segunda parte se centra en sus recuerdos. Odia su trabajo, claro, y a sus compañeros, aunque pasa por periodos de complicada socialización ("Soy único mientras ellos son todos"). Lee mucho y pretende actuar como sus héroes románticos, de acuerdo a su lenguaje, cuando fantasea sin fin, refugiándose en "lo bello y lo sublime" de la vida; ensoñaciones que lo acercan a la plenitud, poniendo de manifiesto no sólo lo engreído de su actitud, sino también lo infantil y ridículo, especialmente en el divertido relato del casi incidente con el oficial.

Apreciamos entonces cómo lo ven los demás, los que fueron sus compañeros del colegio, como un ser esencialmente ridículo, cuyo culmen sucede en el episodio de la cena de despedida del compañero que tanto desprecia. Aunque ahí descubrimos el origen de su actitud: "años de cárcel que habían sido mis años de estudio", "muchacho taciturno, silencioso, de mirado hostil". Recuerdos vivos que aún provocan su reproche.

Antes de su humillación total, del despojarse de toda su dignidad se muestra en todo su esplendor: exagerado, dramático, catastrofista, pensando que cualquier acontecimiento puede cambiar su existencia. Se vuelve definitivamente anitpático para el lector con su comportamiento con la prostituta, refinadamente despiadado que le contesta lúcidamente: "Usted habla como si leyera un libro". Señalar como inciso que el retrato que se hace de la prostitución es calcado al de cualquier reportaje de un periódico actual, con mujeres engañadas que jamás acabarán de pagar su deuda.

Cuando ella le visita en su casa, por primera vez en su vida, lo pensado, soñado literariamente, sucede: "Y entra en mi casa libre y resueltamente, como dueña".Sin embargo, como cuando analizaba la voluntad y la libertad humana, vuelve a ir en contra de sus intereses, busca la autodestrucción. Se burla de Lisa pero ella lo entiende, lo comprende y lo rescata con su amor, con ese abrazo, clímax emocional de la historia en el que, por un instante, se apaga el ardor de su cinismo impostado. Sincero, se tacha de mísero, vil, ridículo.Él deseaba quedarse en su subsuelo porque la vida real, a la que no está acostumbrado, lo oprime hasta ahogarlo."¿Qué es preferible, una felicidad vulgar o un sufrimiento elevado?"

Critica la sociedad acertadamente, llena de injusticias y frívolamente absurda en sus costumbres, pero el punto de vista utilizado, la actitud de este tipo, un vanidoso pedante insoportable con aires de grandeza, no legitima su juicio. 

El libro es muy bueno. Dostoievski, como todo lo verdaderamente clásico, no envejece; despiadado con todos, tiene el don para saber qué es el hombre, para reírse de él, sus quehaceres, sus afanes, sus cuitas, sus sueños, sus aires. 

Para la próxima tertulia una obra que muchos estarán deseando leer: "Las 95 tesis de Lutero". Un día pensé que realmente nunca había leído uno de los documentos más importantes de la Historia. 30 de septiembre, que éste es corto; necesariamente ha de serlo si lo Lutero lo clavó en una puerta.... Y la que se armó.

lunes, 3 de agosto de 2015

Crónicas de la I Despeadura Ilustrada



Estos días libres, aparte de estudiar, me han servido para ir sacando adelante materiales y  tareas pendientes, entre ellas una apresurada y extraña crónica de nuestra primera jaramugada por etapas, que ya estaba tardando, la Despeadura Ilustrada.

La convocatoria a traición de apenas una semana de antelación, impidió la participación de algún interesado más, pero mi vida lo cuadró así.

Aviso, crónica más histórica, de nuestros motivos, que deportiva. 

JUEVES, 30 de abril. La nocturna, 11 kms.

Se trataba de, en la medida de lo posible, recorrer la mayoría de lugares de la ciudad relacionados con la Guerra de la Independencia en general, los dos sitios en particular. Comenzamos en el Cuerpo de Guardia de San Pelayo, construido antes del sitio de 1810, seguimos por la carretera de San Juanejo hasta desviarnos camino de la Ermita de la Virgen de la Peña de Francia, dejando el Monasterio de la Caridad, lugar de asentamiento de las tropas francesas, a lo lejos. De regreso a Ciudad Rodrigo, recorrido en la muralla, primero por los fosos, para  subirnos después a la misma tras el franqueo de la Puerta de Amayuelas, dejando a nuestro paso la brecha pequeña donde el general inglés Crawfurd está enterrado tras ser herido de muerte en el sitio de 1812 y la brecha grande donde el mariscal Ney aceptó la rendición de Pérez de Herrasti en julio de 1810 ("Habiendo cumplido hasta el extremo mis deberes militares y consultada la Junta, he decidido capitular"), y donde en enero de 1812, otro general británico, McKinnon, también perdería la vida, cuyos restos fueron enterrados en Espeja. Tras salir de la muralla, enfilamos camino de los tesos, lugar de asentemiento de baterías, el teso pequeño de Santa Cruz y el teso grande de San Francisco, para terminar en el convento homónimo, lugar especialmente importante durante el primer sitio, al interponerse entre la ciudad y los asediadores, que también se utilizó como hospital de sangre, episosidos que nos legaron su estado actual, entre lamentable e imponente.

Primer sitio (1810): 76 días de asedio
56 de bloqueo, 24 de sitio (16 de cañoneo intenso)
Segundo sitio (1812): 4 días




De la crónica deportiva, poco que contar, un agradable recorrido nocturno con buena temperatura y a ritmo de paseo, en el que coincidimos Arturo, Jesús San Matías, CiegoSabino, mi hermano Óscar, Sonia y yo. Un aperitivo para lo que nos aguardaba pocas horas después.

VIERNES, 1 de mayo. La de los fuertes, 47 kms.

Combate del Côa, 23 de julio de 1810.

El general inglés Crawfurd, al mando de la división ligera, se había quedado atrincherado entre Almeida y el Coa, desobedeciendo las órdenes de Wellington para que se replegara, atravesara el puente y abandonara Almeida, quedando atrapado ante el ataque francés de Loison y Montbrun con un barranco a su espalda y un pequeño puente para el repliegue, que inició haciendo pasar primero la artillería, caballería y equipaje.
Se parapeta tras el terreno abrupto y los muros de piedra, organizando cuadros en el interior de las fincas. Se trataba de una carrera para evitar que las tropas inglesas consiguieran atravesar el puente. Atacaba la caballería francesa a pesar de o abrupto del terreno, bajo una intensa lluvia que les favorecía porque a menudo inutilizaba las armas de fuego, no los sables de los jinetes.
Tras los ingleses asentar piezas de artillería al otro lado del río, superados y disueltos los cuadros, se trataba de desbordar a los tiradores ocultos tras las piedras. Finalmente se cortó el paso a las dos últimas compañías inglesas haciendo 100 prisioneros con sus oficiales y tomándoles una bandera y un cañón. Después se entabló una lucha feroz por el puente con muchas bajas hasta que se aceptó un alto el fuego propuesto por los ingleses para retirar heridos y muertos. Crawfurd salvó su división.
Francia: 500 muertos y 600 heridos.
Aliados: 100 muertos, 300 heridos y 100 prisioneros.
 


 






De batallas jumentas:

Comenzamos desde ese puente del río Côa, bajo la lluvia pero sin frío. Desde ahí, alrededor de dos kilómetros de ascensión nos conducen a Almeida. El CiegoSabino comienza a rememorar la última etapa del loco reto de "Los 500 de Asís", algo que será tónica durante toda la mañana. Muy entendible, ya que para él debió resultar muy emocionante tras una completa semana de padecimientos en su atrevido y peculiar camino desde Santiago. Desde Almeida no hay dificultades apreciables, transitando por carretera más de lo que había supuesto hasta Vale da Mula, a un ritmo medio que no debería desgastarnos demasiado. Sin embargo, cuando entramos en España y hacemos una parada en el espectacular fuerte de la Concepción, me noto cansado, y le echo la culpa a que estoy sudando demasiado -hasta para mí-, imagino que por la alta humedad reinante. Después de dejar atrás Aldea del Obispo y Castillejo de dos Casas, el camino discurre paralelo a la rivera de Dos Casas por dehesas, un tramo muy bonito que no conocía. Al llegar a Gallegos de Argañán, damos con Pablo que nos sale al encuentro. Desde allí, algo más de 16 kilómetros de pista con algunos repechos muy duros, algunos de los cuales hacemos andando. Punto de interés es el antiguo y bonito puente sobre la rivera de Azaba. CiegoSabino lleva tocado desde hace tiempo, pero al final mantiene un ritmo regular que nos hace llegar a Ciudad Rodrigo bastante más machacados de lo que hubiera pensado, creo que en algo más de 5 horas para 47 kms., aunque escribo de memoria y puede que fuera más. No pintaba bien el percal para continuar con la aventura.

SÁBADO, 2 de mayo. La del puente de los franceses, 20 kms.

 Combate del puente de los franceses. mayo de 1811.

Tras la batalla de Fuentes de Oñoro, de las de "resultado incierto", pero que impidió el refuerzo de la plaza de Almeida por los franceses, Brenier, el comandante de la plaza, en una audaz acción, consiguió sacar a su guarnición y burlar el bloqueo aliado hasta descender el desfiladero del Puente de los Franceses donde le esperaban las tropas del general Cotton. A pesar de su posición desventajosa, consiguió forzar el paso tras numerosas bajas y alcanzar la otra orilla, donde fueron recibidos con aclamaciones por las tropas francesas asentadas en San Felices. Casi 300 hombres cayeron a las turbulentas aguas del Águeda.
Una gran victoria fue que 1500 hombres escaparan en una noche de un terreno controlado por 13000. El general inglés Archibald Campbell, responsable del cerco de Almedia, se pegó un tiro al saber que iba a ser juzgado por negligencia.










De batallas jumentas.

Cuando me levanté el sábado me dolían las piernas y me notaba algo cansado, así que el propósito era tomárselo con calma  y sobre todo las dos subidas del puente de los franceses, hacerlas andando si el motor no daba para más. La  intención era completar un día más y el total de la Despeadura. Salimos del parque de aventura de Descensos Medina CiegoSabino, Chago Ajenjo y yo. La idea era haber hecho una convocatoria algo mas seria y con más tiempo para que los participantes pudieran hacer uso de las instalaciones, pero este año fue imposible; puede que otro aceptemos la invitación del siempre solícito y amable Chuchi. Partimos por pistas rodeando el pueblo hasta la estrella del día, el espectacular desfiladero que cruza el puente. Estos kilómetros me sirvieron de calentamiento, y tras hacer un rápido descenso al río, comencé la ascensión tranquilo, me fui animando y conseguí hacerlo completo trotando, haciéndoseme especialmente duro el úlitmo exigente tramo, el de entrada a Puerto Seguro. La ascensión de regreso es algo más suave y llegué arriba contento -por descontado que Chago siempre muy por delante-, porque mi cuerpo había asimilado y se había recuperado perfectamente del trabajo de los dos días anteriores. El trío enfilamos charlando el tramo hasta San Felices de los Gallegos, que aprovechamos para dar una vuelta al trote por un pueblo con muchos lugares de interés que merecen una visita más pausada. Antes de llegar al coche, todavía me hice un par de kilómetros más para llegas a los 20 que tenía pensado para esta etapa.

DOMINGO, 3 de mayo. La de Wellington, 21 kms.

Combate de El Bodón, 25 de septiembre de 1811. 

El general Montbrun, al mando de la plaza de Ciudad Rodrigo, quiso saber las posiciones del ejército inglés. Se ordenó una carga de caballería frente a una infantería inglesa con artillería ligera, que consiguió hacerlos retroceder y capturar algunas piezas. Después se produjo un contraataque y retirada hacia Fuenteguinaldo que trató de impedir la caballería francesa en una escaramuza con la inglesa.
Durante varios meses de 1811 y 1812, el cuartel general de Wellington estuvo situado en Fuenteguinaldo.


 




De batallas jumentas.

Salimos de ese cuartel Pablo, Chago, CiegoSabino y yo. Tras circular unos ocho kilómetros por el amplio margen de la carrertera que se extiende sobre el trazado de la Cañada Real de Extremadura  sin apenas pisar asfalto, enlazamos el camino entre dehesas que nos llevará hacia Ciudad Rodrigo, dejando a un lado el Bodón. La parte más espectacular es un largo teso descubierto antes de llegar a las estribaciones donde tuvo lugar el combate, en cuyo monolito conmemorativo hicimos una parada para tomar unas fotos. Después, en los 10 kilómetros de pista que restan hasta el final, terminamos acelerando la marcha hasta acabar el día y la Despeadura esprintando, la señal más clara de que un reto de este tipo, por etapas, teniendo horas para descansar, cuesta menos de lo que parece. Esperemos repetir edición algún año con anuncio más serio y más participantes. 

Y ahora, el cierre, aunque suene raro tres meses después, más ahora que estoy medio prejubilado:

"'¡¡YO SOY ESPARTACO!!"

(En general, el material sobre la guerra extraído de "De Austerlitz a Ciudad Rodrigo", una mala novela, un buen libro de Historia de Carlos Bravo Guerreira)